Rusia presenta su nueva colección de extranjeros «sospechosos», ahora con modelo alemán

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MOSCÚ, RUSIA.- En una movida que demuestra que las viejas costumbres nunca mueren, el Servicio Federal de Seguridad (FSB), la versión 2.0 de la KGB con nuevo nombre pero las mismas mañas, anunció con bombos y platillos que le echó el guante a un ciudadano alemán. ¿Su crimen? Aparentemente, haber trabajado como mercenario para Ucrania, un trabajo que, según los rusos, tiene peor plan de pensiones que ser artista callejero.

El FSB, fiel a su estilo de «te lo digo pero no te lo digo», no soltó ni el nombre del detenido, ni su color favorito, ni si prefiere la cerveza con o sin espuma. Simplemente dijeron: «Lo tenemos». El arresto ocurrió en algún lugar, en algún momento, consolidando la nueva estrategia rusa de misterio nivel «¿dónde está Wally?, pero con espías». Según el chisme oficial, el teutón se unió al ejército ucraniano por allá del 2016, pero lo más increíble es que supuestamente firmó un contrato en ¡2025! Al parecer, el tipo no solo es mercenario, sino también viajero en el tiempo. La razón de su deserción fue digna de un oficinista cualquiera: no le pagaban a tiempo. ¡La lucha armada se detiene si la quincena se retrasa!

El currículum del sujeto, según el FSB, parece sacado de una película de acción de bajo presupuesto, con giras de combate por Afganistán, Somalia y Siria. Básicamente, un mochilero con muy mala suerte para elegir destinos vacacionales. Por supuesto, verificar estos datos es más difícil que encontrar a alguien que lea los términos y condiciones de una aplicación. Alemania, por su parte, reaccionó con la urgencia de quien pide una pizza por teléfono y le dicen que tardará 45 minutos: «Estamos al tanto y nuestra prioridad es esclarecer los hechos».

Este arresto se suma a la creciente colección de extranjeros que Rusia parece estar juntando, como si fueran cromos para un álbum. La semana pasada metieron al bote a un sueco por «sabotaje» y a un periodista japonés por «espionaje». Parece que el Kremlin está jugando a «Atrápalos ya» con cualquier extranjero que se les cruce, y ya casi completan su Pokédex de nacionalidades sospechosas.

Todo esto forma parte del gran circo geopolítico del intercambio de prisioneros, un trueque de alto nivel donde se cambian periodistas y disidentes como si fueran figuritas repetidas. Se rumora que con la vuelta de Donald Trump al poder, las liberaciones se han vuelto más espectaculares, casi como un programa de concursos. De hecho, el Kremlin acaba de liberar a un exmaestro estadounidense por «consideraciones humanitarias», una frase que en el diccionario político se traduce como «necesitábamos la celda para el próximo concursante».

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