Se necesitan 332 mil millones de dólares para que tu futuro coche eléctrico no sea un pisapapeles gigante

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Resulta que el futuro brillante y eléctrico que nos prometieron tiene un pequeño problema de fontanería. El mundo entero quiere cambiar los combustibles fósiles por baterías, pero parece que alguien olvidó revisar el inventario de cobre. Ahora, se necesitan la friolera de 332 mil millones de dólares para evitar que nuestra transición energética se quede más colgada que llamada en espera. Es el rescate más caro de la historia para un metal que la mayoría solo recuerda cuando se le oxida una tubería.

La demanda de este metal rojizo se va a disparar un 89% para el 2050, gracias a que todos queremos un coche que se enchufe a la pared. El transporte electrificado es el nuevo niño popular de la fiesta y necesita cobre para todo: motores, baterías y cables. Los analistas predicen que para el 2028 ya estaremos en números rojos, con un déficit que para el 2050 podría alcanzar los 20 millones de toneladas. Es como organizar una fiesta y darte cuenta de que solo compraste una bolsa de botanas.

Uno pensaría que la solución es simple: ¡cavar más! Pero aquí viene el chiste: abrir una mina de cobre nueva tarda en promedio 17 años, más lento que una reforma burocrática o que tu conexión a internet en día de lluvia. Mientras tanto, las minas que ya existen están más viejas que político en campaña y su producción va en picada. Sin el dineral, la oferta total podría caer un 14.5% para 2050, y no, el reciclaje no va a ser el superhéroe que nos salve esta vez.

En este panorama desolador, Chile seguirá siendo el mandamás del cobre, pero con un giro argumental digno de telenovela. Su producción bajará, pero como la de los demás caerá todavía más rápido, su porción del mercado crecerá. Es el equivalente a ser el corredor menos lento en una carrera de tortugas. Y aunque algunos sugieren usar aluminio como sustituto, sería como cambiar un buen filete por carne de soya; funciona, pero no es lo mismo.

Lo más cómico de todo es que, incluso si mañana mismo apareciera un millonario excéntrico con los 332 mil millones en un maletín, el problema no se soluciona. Por la lentitud del proceso, es casi seguro que tendremos escasez hasta por lo menos 2043. Así que mientras sueñas con un futuro silencioso y sin humo, recuerda que podría ser retrasado por la simple y mundana falta de alambre. La humanidad, tropezando de nuevo con la misma piedra, o en este caso, con la falta de ella.

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