Como si se tratara de un guion de comedia, los reguladores en Chile han decidido ponerle la lupa a las siete administradoras de fondos de pensiones (AFP) del país. ¿La razón? Los fondos más conservadores, esos donde los abuelitos guardan sus ahorros con la esperanza de una jubilación tranquila, sufrieron un porrazo digno de una película de porrazos y costalazos. La Superintendencia de Pensiones quiere averiguar si los genios financieros a cargo estaban protegiendo el dinero o usándolo para apostar en carreras de caracoles.
El desastre se cocinó cuando las AFP, en un ataque de optimismo nivel vidente de feria, apostaron fortunas a que las tasas de interés en Estados Unidos se iban a desplomar. Pero el universo, con su particular sentido del humor, decidió hacer exactamente lo contrario. El resultado fue una caída del 10.4% en el famoso «fondo E», ese que se supone es más seguro que un abrazo de mamá. Básicamente, le confiaron el dinero más delicado del sistema a alguien que predice el futuro con una bola de cristal comprada en oferta.
Para añadirle sabor al caldo, el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, apareció con cara de no saber si reír o llorar, preguntándose en voz alta si las pérdidas fueron por mala suerte o porque las AFP actuaron con «descuido, negligencia o actitud temeraria». En lenguaje común: están tratando de determinar si los administradores simplemente tropezaron con una cáscara de plátano o si estaban haciendo malabares con dinamita encendida para impresionar a sus amigos.
Ahora, las AFP son más populares que una inspección de hacienda. No solo enfrentan esta investigación, sino que también tienen una citación para ir a dar explicaciones al Senado, como un adolescente que tiene que explicar por qué chocó el auto familiar. Para colmo, varios afiliados ya se cansaron del chistecito y les han metido demandas judiciales para ver si así recuperan algo de lo que se esfumó en la apuesta fallida.
En una declaración que podría ganar el premio a la obviedad del año, el regulador les recordó a las AFP que su trabajo es «cautelar la obtención de una adecuada rentabilidad y seguridad». O sea, les tuvieron que explicar con peras y manzanas que la idea es que el dinero crezca, no que desaparezca como por arte de magia. También les mencionaron que deben evitar conflictos de interés y actuar con diligencia, lo que se traduce en «no usar los ahorros para comprarse yates y pensar las cosas dos veces».
Mientras la investigación avanza, todo Chile espera el desenlace de esta tragicomedia financiera. La gran pregunta ahora es si las AFP recibirán una simple multa o si las enviarán a un rincón a escribir cien veces en la pizarra: «No apostaré la jubilación de los demás en el gran casino de la economía mundial». Hagan sus apuestas.




