Sheinbaum le pide al INE que muestre las notas de su papelería de lujo

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La presidenta Claudia Sheinbaum, con la calma de quien pide la cuenta en un restaurante caro, solicitó amablemente al Instituto Nacional Electoral que explique unas contrataciones que huelen más raro que calcetín de astronauta. Al parecer, la papelería para las elecciones cuesta más que un fin de semana en Cancún.

El chismecito mediático, que brotó como champiñón en humedad, señala un supuesto club de empresarios consentidos que se están llevando millonadas por fabricar boletas con más seguridad que el Pentágono. Hablamos de papelitos con marcas de agua, tintas que solo se ven con lentes de espía y hologramas dignos de tarjeta de crédito platino. Es el tipo de material que uno esperaría para imprimir el mapa de un tesoro pirata, no para elegir a un diputado. La sospecha es que alguien está inflando los precios como si fueran globos de cantoya, y la noticia se publicó en diversos medios este 20 de octubre.

Ante el drama, la mandataria no se anduvo por las ramas. Anunció que la Secretaría de Gobernación sacará sus archivos sobre talleres gráficos, como para comparar precios y ver quién da más barato el millar. Además, le va a echar encima a la Auditoría Superior para que revise hasta el último clip, asegurando que los recursos públicos no terminen financiando la alberca de alguien. “Primero, que el INE aclare”, dijo desde Palacio Nacional, con la paciencia de una maestra esperando la tarea.

Así que mientras el INE busca sus facturas y prepara una presentación para explicar por qué una boleta cuesta lo mismo que un teléfono de gama media, el país se pregunta si al menos la tinta invisible brilla en la oscuridad. Sería un lindo detalle por ese precio.

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