Saquen los pañuelos y prepárense para el drama financiero del año, porque el líder de los diputados de Morena, Ricardo Monreal, acaba de anunciar que la discusión del presupuesto 2027 será un acto de ilusionismo digno de Las Vegas. Al parecer, el gobierno necesitará más que una calculadora para cuadrar las cuentas; necesitarán «inteligencia y creatividad», que en lenguaje político significa que van a intentar tapar un boquete del tamaño del Estadio Azteca con una curita. Así que abróchense los cinturones, que el viaje por las finanzas públicas promete más curvas que carretera de montaña.
La fecha marcada en el calendario para este espectáculo de malabarismo económico será entre el 9 y el 13 de noviembre. Imaginen la escena: una fila interminable de sectores con la mano extendida, esperando su rebanada de un pastel que apenas es una galleta. Monreal ya adelantó que, tal como está, el presupuesto “no se ajustará para atender todas las necesidades”, una forma elegante de decir que la cartera está más vacía que el refrigerador de un estudiante en fin de mes.
Y es que la lista de pedigüeños es más larga que un discurso de político en campaña. El campo, la salud, las universidades públicas y hasta el INE andan con cara de perrito abandonado pidiendo más fondos para sus respectivas causas. El líder morenista advirtió que tendrán que “ingeniárselas”, lo que suena a que van a resolver los problemas del país con clips, cinta adhesiva y mucha, pero mucha buena voluntad. ¡La creatividad al poder!
El meollo del asunto, según confiesa el propio Monreal, es que el proyecto enviado por la Presidencia tiene un margen de maniobra más pequeño que el estacionamiento de un edificio nuevo. Casi todo el dinero ya tiene nombre y apellido, o como dicen ellos, “está etiquetado”. Quitarle a sueldos, salud o educación sería como intentar quitarle un ladrillo a la base de un Jenga y esperar que no se caiga todo el changarro.
Así que la famosa “discrecionalidad” de la que tanto se habla es, en realidad, el cambio que sobró después de pagar las cuentas obligatorias. Ese mínimo porcentaje es lo que tendrán que estirar, multiplicar y repartir como si fueran los panes y los peces, pero en versión burocrática. Prepárense para un cierre de año donde la «inteligencia» será decidir a quién le toca pasar más penurias.



