CoreWeave quema dinero como si no hubiera un mañana, pero JPMorgan dice que es para una buena causa

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Los inversores de CoreWeave entraron en pánico colectivo, corriendo en círculos como si les hubieran anunciado una inspección de Hacienda por sorpresa. La acción se desplomó un 20% la semana pasada porque la empresa está gastando efectivo a un ritmo que haría sonrojar a un rapero en su primer video musical. El pánico se apoderó del mercado, con todos temiendo que la compañía estuviera acumulando una deuda más grande que el ego de un político en campaña.

Pero calma, que llegaron los analistas de JPMorgan a poner orden en el gallinero, actuando como el padre que te explica por qué te cortó la tarjeta de crédito. Según ellos, el pánico es una exageración monumental. Aseguran que CoreWeave no está quemando billetes para calentar la oficina, sino que está en medio de una expansión tan agresiva que su chequera pide clemencia a gritos.

El modelo de negocio, al parecer, es más sólido que una amistad de borrachera. La compañía firma contratos “tómalo o déjalo” a largo plazo, asegurando que sus clientes pagarán religiosamente antes de que el primer servidor nuevo empiece a echar humo. Un contrato típico a cinco años genera una rentabilidad del 15%, superando su coste de capital, que se sitúa entre el 9% y el 11%. Es como vender pan sobre pedido y cobrarlo por adelantado.

Claro que para jugar en las grandes ligas de la inteligencia artificial hay que tener la cartera preparada para un cataclismo. Añadir un gigavatio de capacidad requiere una inversión inicial de más de 35.000 millones de dólares, una cantidad de dinero que la mayoría de nosotros solo vemos en las películas. Sin embargo, una vez que esa monstruosidad esté funcionando, podría generar entre 10.000 y 15.000 millones de dólares en ingresos cada año.

Aquí viene el chiste: se espera que la empresa no genere suficiente efectivo de sus operaciones para financiar su propia expansión hasta el año 2030. Así es, falta casi una década para que la máquina de hacer dinero se pague sola. Es el equivalente a decirle a tu casero que le pagarás la renta de este mes en cuanto ganes la lotería.

Así que, mientras los inversores se comen las uñas hasta los codos, los genios financieros insisten en que todo es parte del plan maestro. CoreWeave no tiene un problema de rentabilidad, sino un problema de crecimiento descontrolado, como un adolescente que da el estirón y deja la ropa nueva chica en una semana. La lección: para construir el futuro, primero hay que dejar la cuenta bancaria temblando.

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