La corte suprema de Brasil juega a la sillita musical con Bolsonaro para no ser despedida

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En Brasil, las togas de los jueces del Tribunal Supremo de repente huelen a puro nervio y sudor frío. Esos magistrados que se sentían más seguros que un presentador de noticias en su propio plató, ahora miran de reojo a Flávio Bolsonaro como quien ve venir una auditoría fiscal. La posibilidad de que el hombre gane la presidencia y que su tropa en el Senado consiga los 54 votos necesarios para mandarlos a su casa, ha provocado que varios jueces anden con una sonrisita nerviosa y buscando hacer las paces.

Como quien le lleva flores a la suegra que detesta, algunos magistrados han empezado a hacer ojitos al bando de Bolsonaro con decisiones judiciales que parecen más un soborno legal que un acto de justicia. El problema es que esta negociación es más incómoda que un viaje en autobús de pie. Varios aliados de Bolsonaro todavía tienen expedientes abiertos en ese mismo tribunal, creando una dinámica rarísima donde los acusados podrían tener el poder de despedir a sus propios jueces.

Si Bolsonaro gana, la cosa se pone color de hormiga, ya que podría nombrar hasta cuatro nuevos magistrados durante su mandato. Esto equivale a remodelar el tribunal a su antojo, como quien personaliza un avatar en un videojuego, pero con el futuro de un país en juego. Su Partido Liberal ya es la fuerza más grande del Senado con 28 escaños, lo que les da una buena ventaja para empezar a repartir patadas en el trasero judicial.

El que tiene el trasero más expuesto es el juez Alexandre de Moraes, quien antes era el coco del bolsonarismo y ahora tiene sus propios trapitos sucios ventilándose por supuestos vínculos con un banquero de dudosa reputación. De repente, el cazador de «noticias falsas» es el que tiene que andar explicando sus amistades sospechosas, quedando más vulnerable que un celular sin funda en un concierto de rock. El karma, señoras y señores, a veces llega en forma de escándalo financiero.

Pero no crean que Bolsonaro es un alma de la caridad que llegará a limpiar la casa. El hombre también tiene un par de expedientes con su nombre en el mismo tribunal, uno por fondos para una película sobre su padre y otro por presunto blanqueo de capitales. Así que tampoco le conviene llegar con una motosierra al Palacio de Justicia, pues podría cortarse un pie en el proceso.

Al final, la justicia en Brasil parece un episodio de telenovela de las nueve de la noche, lleno de traiciones, alianzas inesperadas y mucho, pero mucho drama. Los jueces absuelven a uno por aquí, le bajan la pena a otra por allá, todo con la esperanza de que el posible nuevo jefe no los eche a la calle. Solo faltan las gemelas separadas al nacer para que el guion esté completo.

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