Trump, Putin y Xi planean la pachanga del siglo para repartirse el mundo sin invitar a Ucrania

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Agárrense de la brocha que les quitan la escalera. Los tres personajes que compiten por el título de «Jefe Final del Videojuego Planeta Tierra», Donald Trump, Vladimir Putin y Xi Jinping, están coqueteando con la idea de armar un «club de Toby» en la cumbre de la APEC en China. ¿El tema central de su tertulia? Decidir el futuro de Ucrania, pero con un pequeño detalle: sin invitar a los ucranianos. Es como organizar tu fiesta de cumpleaños y que tus vecinos decidan el sabor del pastel, los invitados y a qué hora te tienes que ir a dormir.

Informe El Chapucero

El Kremlin, a través de su vocero Dmitri Peskov, quien tiene el trabajo más difícil del mundo después del que instala internet en casas con paredes de concreto, admitió que la idea de la reunión «se ha mencionado». Esta es la versión diplomática de cuando tus amigos dicen «chance y vamos» a tu fiesta, dejándote en un limbo existencial. Mientras tanto, en una gira por Uzbekistán, el secretario de Estado gringo, Marco Rubio, soltó la sopa confirmando que ha habido «conversaciones», probablemente en un grupo de WhatsApp llamado «Dominación Mundial y Memes».

La propuesta de esta cumbre de los tres tenores del apocalipsis ha dejado a Kiev y al resto de Europa sudando más frío que pingüino con hipo. La idea de que tu destino se decida en una sala donde no tienes ni silla ni voz es, por decir lo menos, angustiante. Peskov intentó calmar las aguas diciendo que «un arreglo es imposible sin alguien de Kiev», lo que suena a «claro que necesitamos tu firma, pero solo para que nos cedas legalmente la casa, el perro y tu colección de estampillas».

Mientras todo esto se cocina, Trump ha intensificado su campaña de «bullying» digital contra el presidente ucraniano Zelenski, acusándolo básicamente de no querer terminar la guerra porque seguro le agarró gusto a la ropa color caqui. Este súbito cambio de actitud de la Casa Blanca, que incluye un sospechoso acuerdo para comprarle diésel a Rusia, tiene a los aliados europeos pensando que Washington está a punto de cambiar su estado de Facebook a «en una relación complicada con Moscú».

El calendario añade más picante al asunto. La cumbre sería justo después de las elecciones de medio término en Estados Unidos, donde las encuestas dicen que a Trump le va a ir peor que a un vegano en una parrillada. Con una popularidad por los suelos, el presidente podría llegar a China más debilitado que un celular con 1% de batería, lo que podría convertir su intento de jugar al ajedrez geopolítico en una triste partida de damas chinas.

Para China, la reunión es un volado. Por un lado, Xi Jinping podría posar para la foto como el gran mediador, el adulto responsable que separa a los niños peleoneros. Por otro, existe el riesgo de que la cumbre se convierta en un circo de tres pistas que opaque sus propios objetivos y lo deje oliendo a azufre por su cercanía con Putin. En fin, el mundo espera para ver si esta reunión se concreta o si todo queda en un simple chisme de pasillo, mientras Ucrania sigue viendo el partido desde la tribuna, comiéndose las uñas y esperando que no le metan un gol de último minuto.

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