¡Atención, damas y caballeros! La economía de Estados Unidos, esa montaña rusa de emociones que nadie pidió, nos regala otro momento digno de un aplauso de lástima. Resulta que la producción industrial subió un milagroso 0.3% el mes pasado. Sí, leyó bien, una cifra tan emocionante como encontrar un peso en el bolsillo de un pantalón viejo, que se celebra con bombos y platillos mientras se ignora el elefante en la habitación.
El problema es que ese diminuto festejo oculta una verdad más incómoda que visita de la suegra en domingo. En el segundo trimestre, la cosa crecía a un ritmo del 5.6%, como un adolescente en pleno estirón. Pero en este último trimestre, el crecimiento se desplomó a un raquítico 0.7%, pasando de ser un cohete a una carretilla con una rueda pinchada. Los economistas, como siempre, culpan al empedrado: el conflicto en Oriente Medio, los precios de la energía y hasta el horóscopo, probablemente.
El desglose de esta tragicomedia es aún mejor. Mientras fabrican chips para que una inteligencia artificial te escriba un poema de amor (la producción de semiconductores se disparó un 28.4%), la producción de vehículos y sus piezas se fue de bruces, cayendo un 3.0%. Al parecer, la prioridad es construir el futuro cibernético, aunque para llegar a él tengamos que ir a pie porque ya no alcanzan las piezas para el coche.
Pero no todo son malas noticias para los que disfrutan del caos. La producción minera se disparó un 50% en el trimestre, como si de repente todo el país se hubiera puesto a cavar en el patio trasero buscando un tesoro pirata. A la par, el uso de los servicios públicos, principalmente el aire acondicionado, también se fue a las nubes, demostrando que ante la incertidumbre económica, la mejor solución es sudar frío con la calefacción a tope.
Para cerrar con broche de oro esta sinfonía del absurdo, nos informan que la utilización de la capacidad industrial está en un 76.9%. Esto significa que las fábricas están funcionando con más calma que un oficinista el viernes por la tarde, muy por debajo de su promedio histórico. Así que mientras brindan por su 0.3%, gran parte de la maquinaria acumula más telarañas que la cartera de un recién egresado.




