La fiebre por la inteligencia artificial pone a los bancos a sudar frío y a tu cartera a llorar

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Parece que el mundo se ha vuelto loco con la inteligencia artificial, invirtiendo dinero como si fuera el fin del mundo y solo quedaran chips de silicio y centros de datos. Esta borrachera de inversión ha provocado que los jefes de los bancos centrales, reunidos en Bangkok para contarse sus penas, se den cuenta de una cruda realidad: el dinero barato se acabó. Ahora, todos se preparan para un futuro donde los intereses estarán más altos que un adolescente en su primer festival de música.

Informe El Chapucero

El problema, según estos genios de las finanzas, es que todo el mundo está construyendo la casa por el tejado. Se están gastando fortunas en la promesa de la IA mucho antes de que esta demuestre que sirve para algo más que para crear imágenes de gatos con sombreros de copa. Kevin Warsh, de la Reserva Federal, lo describió como una «sacudida» que podría tener un aterrizaje más accidentado que un vuelo de aerolínea de bajo costo en medio de una tormenta.

Y para que el circo sea completo, los banqueros han desempolvado su término más esotérico: el «R-star», que es el nivel de interés perfecto para que la economía no explote ni se duerma. El gobernador del Banco de la Reserva de Sudáfrica, Lesetja Kganyago, lo resumió poéticamente diciendo que «las estrellas están ocultas tras las nubes, y estas son muy densas». En otras palabras, no tienen ni la más remota idea de dónde está, pero saben que está más alto.

Esta nueva realidad es una patada en la espinilla para los gobiernos que se acostumbraron a pedir prestado como si no hubiera un mañana. Con los costos de financiación por las nubes, países como Francia, ya hasta el cuello de deudas, empiezan a sentir el agua en los zapatos. La fiesta del dinero gratis ha terminado y ahora toca pagar la cuenta, que además viene con recargo.

Mientras tanto, la mayor parte de esta juerga inversora se concentra en Estados Unidos y Asia, dejando a Europa con la cara de tonto del grupo. El viejo continente no solo se está quedando atrás en la carrera tecnológica, sino que además lidia con costos energéticos por las nubes. La propia presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, básicamente le dijo a Francia que se las arregle sola, un elegante «ese es tu problema, no el mío» a nivel continental.

En resumen, la humanidad ha decidido apostar todo su dinero a un caballo tecnológico que todavía no ha demostrado saber correr, y los que manejan la economía global están improvisando las reglas sobre la marcha. Abróchense los cinturones, porque parece que los expertos están conduciendo con los ojos cerrados y el mapa del tesoro al revés.

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