¿Sabe usted cuándo está desesperado por vender algo? Cuando termina ofreciéndole al comprador un préstamo para que se lo lleve. Pues en esas anda Telefónica, que parece estar más ansiosa por irse de México que un político al terminar su mandato. La compañía de telecomunicaciones está pensando en jugar al prestamista con la misma gente que le va a comprar su filial, una movida tan rara como encontrar un billete en un pantalón viejo.
El meollo del asunto es una operación de 450 millones de dólares con un consorcio llamado Melisa Acquisition, que suena más a nombre de tía que a un grupo de inversión. Aparentemente, a los compradores les está costando juntar los centavos, así que Telefónica baraja la idea de prestarles una lanita para que la venta no se caiga. Es el equivalente empresarial de invitarle los tragos a alguien para que acepte salir contigo.
Seamos honestos, la vida de Telefónica en México ha sido más dura que empezar la dieta un lunes. Después de más de veinticinco años intentando competir, el gigante de Carlos Slim, América Móvil, siempre le comió el mandado, dejándolos con las migajas. Para colmo, hasta AT&T ya tiró la toalla y vendió su negocio por 2,000 millones de dólares, demostrando que este mercado es un club privado donde no todos pueden jugar.
Esto no es un caso aislado, es el capítulo final de la gira de despedida de Telefónica por Hispanoamérica. La empresa ya vendió sus operaciones en Argentina, Perú y Uruguay, y ahora está empacando sus chivas para concentrarse en Europa y Brasil, donde sí les va bien. Por eso, esta jugada de prestarle al comprador es tan llamativa; es como si tuvieran una prisa tremenda por borrar a México de sus contactos.
La agencia de competencia de México les dio el visto bueno a la venta y les otorgó hasta un año para cerrar el trato, lo que suena a mucho tiempo para convencerse mutuamente. Si la opción del préstamo no funciona, no nos extrañaría que la próxima oferta de Telefónica incluya regalarles el módem, una recarga de saldo y hasta un paquete de chicles con tal de que firmen de una buena vez. Al final, parece que salir de México les va a costar hasta dinero.




