Taiwán se gasta el aguinaldo en un popote de gas de Alaska para no quedarse a oscuras

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En una movida que combina la desesperación de quien se queda sin datos en el celular con la lógica de un infomercial de medianoche, Taiwán ha decidido que la mejor forma de asegurar su futuro energético es comprarle un tubo carísimo a los Estados Unidos. Así es, la isla acaba de firmar un cheque por 4,400 millones de dólares para un gasoducto en Alaska que Donald Trump desempolvó y puso a la venta como si fuera un cachivache de su garaje.

Informe El Chapucero

Según el comunicado oficial, que suena tan serio como un payaso en un funeral, la cooperación incluye la compra de gas licuado para calentar las sopitas de los taiwaneses a partir de… ¡2032! Es como pagar hoy la entrada para una fiesta a la que te invitarán dentro de una década, si es que el anfitrión todavía se acuerda de ti. Trump, en su típico modo vendedor de feria, anunció el trato como si hubiera vendido el último Tsuru tuneado del lote, asegurando que Taiwán se comprometió a chupar el 30% del gas que salga de ese popote congelado durante los próximos 20 años.

Pero seamos honestos, esto tiene menos que ver con el gas y más con comprar un carísimo seguro de amistad con el grandulón del barrio. Taiwán, que importa más energía que un adolescente cafeína, está tratando de mantener a Washington de su lado para que el vecino gigante y con pocas pulgas, China, no le haga una visita sorpresa. Es la versión geopolítica de invitarle las cervezas al más fuerte del bar para que nadie te moleste.

Además, Taiwán está en pleno proceso de «ver a otras personas» en cuanto a proveedores de energía se refiere. Tras el drama en el Medio Oriente, le dieron la patada a Catar más rápido que a un ex tóxico después de descubrirle los mensajes. Ahora, sus nuevos «dealers» de confianza son Australia y, convenientemente, Estados Unidos. Las importaciones de gas yanqui se triplicaron, demostrando que no hay nada como una crisis internacional para fortalecer los lazos comerciales… y vaciar la cartera.

Así que ya lo sabe, la próxima vez que vea su recibo de la luz y piense que es un robo, consuélese pensando que hay una isla entera pagando por un tubo que a día de hoy es solo una promesa dibujada en una servilleta. En el gran circo de la política mundial, la factura siempre llega por adelantado y con intereses. ¡Qué viva el libre mercado

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