El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), esa entidad dedicada a recordarnos con cifras elegantes lo difícil que es llegar a fin de mes, ha soltado otra bomba. Resulta que en septiembre, para no ser oficialmente pobre en la jungla de asfalto, un mexicano necesitó la módica cantidad de 4,951.66 pesitos. Este es el nuevo precio del «club de la supervivencia», y la membresía sube más rápido que la espuma de la cerveza en fiesta de pueblo.
El chiste se cuenta solo cuando vemos los números: el costo de esta canasta de maravillas subió un 4.4% en un año, mientras que la inflación general, esa tortuga reumática, apenas avanzó un 3.5%. En otras palabras, los precios de lo indispensable para vivir corren como Usain Bolt, mientras tu poder adquisitivo compite en silla de ruedas y en reversa. Es la demostración matemática de que cada día es más caro simplemente existir.
Pero esperen, que la cosa se pone más ridícula. El villano principal de esta historia de terror económico es, créanlo o no, la cebolla. Este humilde bulbo tuvo un ataque de diva y su precio se disparó un 89.8%. A este paso, proponer matrimonio con un anillo de cebolla será la máxima prueba de amor y solvencia económica. El jitomate, su fiel compañero de fechorías, no se quedó atrás y subió un 26.7%, solo para asegurarse de que tu quincena llore un poco más.
Y si creías que cocinar en casa te salvaría, piensa de nuevo. El lujo de comer fuera, aunque sea en el puesto de la esquina, subió un 5.8%, convirtiendo esos taquitos al pastor en un pequeño atentado financiero. Ni hablar del transporte público, cuyos precios aumentaron hasta un 9.2%, como si los camiones ahora funcionaran con combustible de cohete y no con diésel y la fe del conductor.
¿Pensando en huir al campo para una vida más sencilla y barata? Pues el Inegi tiene malas noticias para tus sueños bucólicos. En las zonas rurales la canasta básica también se puso sus moños y ahora cuesta 3,553.70 pesos, con el mismo aumento del 4.4%. Parece que ni en el rincón más alejado del país puedes escapar de la furia de una cebolla con aires de grandeza.
En conclusión, los alimentos son los principales responsables de que tu cartera tenga telarañas a mitad de mes. El costo de comer decentemente está llevando a la pobreza a un nuevo nivel de exclusividad. Prepárense, porque pronto tendremos que pedir un crédito para poder hacer una salsa mexicana como Dios manda.




