¡Atención, nostálgicos y coleccionistas de gobiernos pasados! Cuando todos pensábamos que Michelle Bachelet estaba ocupada eligiendo el color de lana para su próxima bufanda, la expresidenta de Chile ha soltado una bomba que ha hecho temblar más a la política que un terremoto grado 8. En una entrevista, entre risas que sonaban a «no me extrañen que ya vuelvo», confirmó que la idea de un tercer mandato le hace más ojitos que un capítulo repetido de su teleserie favorita. A sus 76 años, cuando la mayoría está peleando con el control remoto para encontrar el canal de las noticias, ella está pensando en volver a dirigir un país entero.
Con la clásica excusa de «si quieres que algo se haga bien, tienes que hacerlo tú misma», Bachelet confesó tener un «terror» cósmico a que los derechos retrocedan, especialmente los de las mujeres. «No me voy a quedar tranquila tejiendo», afirmó, dejando claro que prefiere mil veces lidiar con la oposición que con un par de agujas y un punto que se le escapa. Al parecer, la jubilación le resultó más aburrida que una maratón de discursos políticos, y ha decidido que es mejor volver al ring que dedicarse a la jardinería. El mensaje es claro: guarden los geranios, que vuelve la artillería pesada.
Para echarle más leña al fuego de su regreso, la exmandataria explicó por qué tiró la toalla en su carrera para ser la jefa máxima de la ONU. Resulta que algunos países del Consejo de Seguridad le aplicaron el «visto» a nivel diplomático, un veto tan sutil como un portazo en la cara. Según ella, ese club de quince países funciona como la directiva de un condominio de lujo: hacen lo que se les da la gana y no dejan entrar a cualquiera. Ante tal panorama, Bachelet prefirió recoger sus canicas y buscar un juego donde sí la dejen ser la capitana.
Así que, mientras acumula cargos internacionales como si fueran estampitas de un álbum —presidenta de una alianza en la OMS, ex Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, primera directora de ONU Mujeres—, parece que su vitrina de trofeos tiene un espacio reservado para una tercera banda presidencial. El pueblo chileno, por su parte, ya está preparando las palomitas de maíz, porque esta secuela política promete ser más entretenida, inesperada y absurda que la primera y la segunda parte juntas.



