¡Atención, mundo! Parece que en el Kremlin se dieron cuenta de que su plan de «desestabilización a gran escala» tenía menos impacto que un maratón de Cepillín en un funeral. Así que, en un giro digno de telenovela barata, han decidido cambiar de estrategia y pasar al sabotaje directo, pero con un presupuesto que haría llorar a cualquier director de cine de bajo coste.
La noticia del día nos la trae Josefine Christensen, la analista principal del Servicio de Inteligencia Danés, que básicamente es la chismosa oficial del reino. Según ella, Rusia se hartó de ver que sus intentos de asustar a Occidente tenían el mismo efecto disuasorio que un letrero de «No Fumar» en una cantina. Por lo tanto, ahora apuntan directamente a las empresas que le mandan juguetitos a Ucrania. Es como si el villano de la película, al ver que su rayo láser gigante no funciona, decidiera ir personalmente a pincharle las llantas al coche del héroe.
Pero aquí viene la joya de la corona, el verdadero chiste cósmico. Para estas misiones de altísimo riesgo, Rusia está recurriendo a lo mejor de lo mejor… o más bien, a lo que encontró disponible en Telegram a las 3 de la mañana. Estamos hablando de un ejército de intermediarios con menos entrenamiento que un Tamagotchi, incluyendo gente sin hogar y entusiastas de las sustancias recreativas. Es el programa de espionaje «Sálvese quien pueda».
El proceso de reclutamiento es una maravilla de la gestión de recursos humanos. Empieza con tareas sencillas, como sacar fotos o hacer un reconocimiento del área, seguramente a cambio de una sopa instantánea y una promesa de fama. Si demuestran tener pulso, los ascienden a «pirómano en prácticas». Es como un videojuego, pero donde el único premio es no acabar detenido en un país que no es el tuyo.
Por supuesto, Moscú ha negado todo, poniendo su mejor cara de «yo no fui, fue Teté». La embajada rusa en Copenhague, con la indignación de quien es acusado de haberse comido el último trozo de pastel, calificó las acusaciones de «infundadas». Mientras tanto, sus nuevos agentes probablemente estén negociando el pago de su próxima misión en latas de atún.
Así que ya sabe, si ve a alguien intentando desarmar un dron con un tenedor mientras le pide una moneda, podría ser el nuevo agente 007, versión austeridad republicana. El futuro de la guerra híbrida es más precario y mucho más cómico de lo que imaginábamos.




