La Secretaría de Relaciones Exteriores y la Secretaría de Marina anunciaron el 18 de agosto que los buques ARM Papaloapan y ARM Huasteco regresaron tras entregar en La Guaira, Venezuela, 718.54 toneladas de ayuda humanitaria. Entre víveres, agua embotellada y material médico, los barcos transportaron 2 mil 585 metros cúbicos de suministros que ya están en manos de las comunidades afectadas.
En Venezuela, las plantas potabilizadoras operadas por la Armada mexicana procesan 259 mil 700 litros diarios y han beneficiado a 8 mil 867 familias. Con este envío, México acumula más de 4 mil 588 metros cúbicos, equivalentes a más de mil 100 toneladas, enviadas en puentes marítimos realizados el 15 de julio y el 10 de agosto. Cien elementos de las Brigadas de Respuesta a Emergencias coordinaron el desembarque junto con autoridades locales.
En Colombia, tras el sismo de magnitud 7.4 del 10 de agosto que dejó 289 muertos y más de 54 mil 300 familias afectadas, México activó tres misiones aéreas desde la Base Aérea de Santa Lucía. Cada vuelo, con dos aeronaves Hércules y 19 integrantes del Ejército, Fuerza Aérea y Guardia Nacional, transportó 58 toneladas de alimentos, cuatro toneladas de insumos médicos y 2 mil 562 despensas. La presidenta Claudia Sheinbaum ordenó la operación de inmediato.
Mientras tanto, el gobierno colombiano autorizó brigadas solo de Estados Unidos, Israel, Ecuador y El Salvador, y exigió certificaciones extras a los equipos mexicanos pese a que ya operan en 98 países. Los Topos Aztecas entraron por su cuenta. La discusión sobre quién acepta ayuda y quién no terminó pareciendo una comedia burocrática donde los suministros llegaron, pero los trámites se convirtieron en el verdadero desastre.




