En el Apertura 2026, cuatro equipos millonarios parecen haber confundido el fútbol con coleccionar estampitas de lujo. Al terminar la jornada 9, sus plantillas brillan, pero su tabla de puntos tiene más telarañas que la cartera de un recién graduado, demostrando que el dinero no anota goles.
Tigres, con su nómina de 77.35 millones de euros, lidera este desfile de la desgracia. Se ubican en el penúltimo lugar con solo siete puntos, tras un acto de caridad al regalarle la victoria al FC Juárez, equipo que venía de ocho derrotas seguidas. A este club de la desdicha se unen los Rayados de Monterrey (€74.43 millones), los Pumas (€57.88 millones) y los Tuzos del Pachuca (€40.10 millones), todos amontonados fuera de la zona de calificación como si esperaran una oferta de liquidación. Juntos, suman un valor que podría comprar una pequeña isla, pero apenas les alcanza para soñar con el octavo lugar. Mientras tanto, equipos con el presupuesto de un puesto de elotes, como Querétaro (valorado en 21.13 millones de euros) y el Club Puebla (€20.48 millones), ocupan cómodamente los puestos quinto y octavo. Estos modestos clubes demuestran que en la cancha se necesita más corazón que una tarjeta de crédito sin límite, dejando en ridículo a los gigantes dormidos que confunden la chequera con la estrategia.
La situación es tan surrealista que los directivos probablemente estén usando billetes para secarse las lágrimas. La segunda mitad del torneo definirá si estas potencias económicas recuerdan cómo se juega o si simplemente seguirán demostrando que se puede tener todo el oro del mundo y aun así tropezar con el balón.

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