En México conviven dos cifras que deciden multas, créditos y pensiones: el salario mínimo y la UMA. Confundirlas es como mezclar el precio del tequila con el del refresco: el resultado puede salir caro, dejar sin derecho o generar descuentos absurdos en la nómina de cualquiera.
Hasta 2016 ambas valían lo mismo, $73.04 pesos diarios. Luego la reforma constitucional las separó para que el salario mínimo subiera sin encarecer automáticamente las deudas del Infonavit y el Fovissste. Hoy el mínimo general diario alcanza $315.04 pesos mientras la UMA se queda en $117.31, menos de la mitad. La UMA solo sigue la inflación; el mínimo suma el MIR que fija la Conasami. En la frontera norte el mínimo llega a $440.87 pesos.
Las multas del SAT, topes del IMSS y muchas fianzas se calculan en UMA. Un crédito Infonavit para pasivos equivale a tres UMA, $10,698.67 pesos. El aguinaldo está exento hasta 30 UMA. Sin embargo, el máximo crédito del Infonavit para quien gana el mínimo es de $602,691.86 pesos con tasas entre 3.69% y 10.45%. Las pensiones generan más lío: la SCJN ha dado criterios distintos sobre si usar UMA o mínimo. Mientras tanto, quien no pague el salario mínimo puede enfrentar multas de hasta 3,200 UMA, $362,048 pesos, o hasta diez años de cárcel por explotación.
Al final, el sistema evita que una subida salarial se convierta en una cadena de deudas automáticas, aunque deja a muchos preguntándose si sus cuentas usan la regla correcta o la que más les conviene.



