Como quien frota una lámpara mágica pero con doctorados, la presidenta Claudia Sheinbaum recibió este martes en Palacio Nacional a la economista Mariana Mazzucato. La misión: descifrar el pergamino sagrado “Transformación del Estado para el Plan México”, coescrito por la propia Mazzucato junto con Lara Merling.
Al parecer, México tiene todos los ingredientes para un festín económico de primer nivel: planes, instituciones y hasta los ahorros debajo del colchón. Pero según el informe, falta la receta para que todo se combine sin que la cocina explote. Ahí entra la gurú italo-británica, famosa por su teoría del “Estado emprendedor”, donde el gobierno no solo llega a barrer el desastre del mercado, sino que organiza la fiesta, pone la música y hasta inventa nuevos pasos de baile. La reunión se centró en cómo aplicar este manual de instrucciones para que el Plan México no se quede en una lista de buenos propósitos, sino que se convierta en una máquina bien aceitada de salud, vivienda y energía. Sheinbaum, serena y con libreta en mano, escuchaba atentamente cómo transformar los objetivos en «misiones» concretas, como si estuviera planeando un viaje a Marte pero con finanzas públicas.
Mientras los mortales seguimos debatiendo si alcanza para el aguacate, en las altas esferas se discutía cómo reconfigurar la arquitectura institucional del país. Al final del día, quedó claro que para construir el futuro, a veces necesitas llamar a un arquitecto con un currículum más largo que un ticket de supermercado.

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