En un giro de guion más retorcido que el final de una telenovela turca, el Servicio Postal de Estados Unidos (USPS), esa venerable institución famosa por perderte el saludo de Navidad de tu tía y entregarte las facturas con una puntualidad terrorífica, ha decidido que su nuevo pasatiempo es jugar a ser el Tribunal Supremo Electoral. Unos cuantos senadores demócratas, al parecer los únicos que leyeron la letra pequeña del contrato, están gritando como si hubieran visto un fantasma, advirtiendo que esta genialidad amenaza la integridad de las próximas elecciones.
\n\nResulta que estos políticos, liderados por un tal Gary Peters que parece tener más nervios que un concursante de «El precio justo», han enviado una cartita con mucha preocupación. En ella, acusan al servicio de seguir las instrucciones de «El Gran Mandamás» Trump para convertir las elecciones en un circo de tres pistas con payasos de dudosa reputación. Básicamente, temen que tu voto termine compartiendo espacio con un catálogo de ofertas de supermercado y una invitación a una clase de zumba, privando a millones del sagrado derecho a quejarse del gobierno que ellos mismos eligieron.
\n\nMientras tanto, el gobierno de Trump le pidió a la Corte Suprema que le diera permiso para seguir adelante con su plan maestro, porque nada dice «democracia» como complicarle la vida al votante promedio. El USPS, por su parte, se ha hecho el sueco, probablemente porque el cartero estaba ocupado intentando descifrar si esa mancha en un sobre es de café o de grasa de pizza. Las nuevas reglas son un laberinto burocrático que exige datos específicos en los sobres que ni la NASA pediría para lanzar un cohete. Si no cumples, tu papeleta se va al limbo de las cartas sin remitente.
\n\nPara añadirle más picante al sancocho, un «soplón» ya avisó que el plan de «verificación» tiene más posibilidades de éxito que un pingüino en el Sahara y que podría colapsar todo el sistema. Aunque una jueza valiente ha puesto el freno de mano temporalmente, la amenaza sigue ahí. Así que ya sabes, para las próximas elecciones, además de elegir a tu candidato, más te vale practicar tu caligrafía y asegurarte de que tu sobre no parezca una servilleta usada. La democracia, amigos, pende ahora de un sello bien pegado. ¡Qué emoción





