¡Atención, capitanes de altamar y compradores compulsivos de chucherías chinas! El canal de Panamá, esa zanja glorificada que le ahorra a los barcos la molestia de darle la vuelta al continente, está más seco que la boca de un testigo falso. Resulta que el fenómeno de El Niño, que suena a un primo latoso que se bebe todo en la fiesta, ha dejado los lagos del canal con menos agua que un discurso de político. Así que, por segunda vez en su ilustre historia, la vía acuática ha decidido ponerse a dieta y restringir el paso, creando un cuello de botella que hará que el tráfico de la Ciudad de México a las seis de la tarde parezca un paseo por el campo.
La cosa está que arde, o más bien, que no moja. La Autoridad del Canal de Panamá (ACP) ha sacado el cinturón de castidad hídrico y ha empezado a reducir el número de barcos que pueden cruzar, de 36 a unos tristes 32. Pero eso no es todo: también les han pedido a los buques que «metan la panza», reduciendo el calado permitido. Es como si el portero de la discoteca no solo limitara el aforo, sino que además te pidiera que adelgaces antes de entrar. Todo esto porque las lluvias brillan por su ausencia y los lagos artificiales que alimentan las esclusas (esos ingeniosos elevadores para barcos gordos) parecen charcos de banqueta. Cada barco se traga 200 millones de litros de agua dulce que terminan en el mar, un despilfarro que ahora mismo duele más que pisar un Lego descalzo.
Las consecuencias de esta sequía son más enredadas que los cables de unos audífonos viejos. Los pronósticos dicen que la cosa se pondrá peor, con restricciones que podrían ser tan severas como las de 2023, cuando las filas de barcos eran más largas que un capítulo de telenovela turca. Para los mortales de a pie, esto se traduce en que los productos que vienen de Asia tardarán más y costarán un ojo de la cara. Un exjefe del canal advirtió que «si no logramos llenar los lagos, tenemos que amarrarnos los cinturones», una frase que suena a que pronto veremos a los marineros empujando los buques. Por cada 30 centímetros que baja el nivel, un barco deja de cargar unos 200 contenedores, lo que para la naviera es una patada directa en las finanzas.
Mientras tanto, los genios a cargo ya tienen una solución brillante: construir un nuevo embalse. El único detallito es que no estará listo antes de 2031. ¡Magnífica planificación! Es como si se te incendiara la casa y los bomberos te dijeran que llegarán en siete años. Mientras tanto, la cuenca del canal no solo tiene que saciar la sed de los barcos, sino también la de la mitad de la población de Panamá. La situación es tan crítica que hasta Donald Trump podría usarla de excusa para decir que el canal «ya no es fiable» y proponer construir uno nuevo, más grande y con casinos. En resumen, una de las arterias más vitales del comercio mundial tiene un tapón y el remedio llegará cuando ya todos nos movamos en autos voladores. ¡Sálvese quien pueda





