La Unión Europea, esa vecina que te revisa hasta el compostaje del balcón, sacó una ley contra la deforestación que va a hacer sudar a más de una empresa cafetera. A partir de finales de diciembre, los importadores tendrán que demostrar que su café no nació sobre un terreno que antes era bosque y ahora es claro de sol. Y no vale con decir “te lo juro por la virgen del granito”: hay que seguir el rastro del grano hasta la parcela exacta donde creció la plantita, como si fuera un detective de novela barata persiguiendo al ladrón del vecindario.
Lo gracioso del asunto, según un estudio de la organización Trase, es que muchas compañías que mandan la mayor parte de su producción a Europa —pero no toda— descubrirán que sale más barato aplicar las reglas a toda su cadena de suministro que mantener dos mundos paralelos: uno “purito y legal” para la UE y otro “mirá para otro lado” para el resto del planeta. Separar las cosas resultaría más caro que tener dos suegras y pretender que no se enteren la una de la otra.
Europa se lleva alrededor del 40 % de las importaciones mundiales de café, pero las empresas que le venden al bloque manejan casi el 80 % de los envíos globales. JDE Peet’s manda el 84 % de sus granos al club europeo, Louis Dreyfus el 63 % y Neumann Gruppe el 53 %. Para este tipo de gigantes, extender la trazabilidad a todo el negocio puede ser más rentable que hacer malabares con dos inventarios. Resultado: la ley podría acabar influyendo mucho más allá de las fronteras del bloque, como cuando invitas a un primo a la fiesta y termina apareciendo la familia entera con sillas plegables.
Había quien criticaba la norma diciendo que crearía cadenas segregadas y dejaría fuera a los pequeños agricultores de zonas remotas, esos que cultivan en lugares donde el GPS se rinde y pregunta por una brújula. El estudio de Trase pone en duda esa queja: resulta que la mayor parte del café ya la mueven empresas que también venden a la UE, así que el efecto dominó puede ser más generoso de lo que pintaban los agoreros.
La deforestación es la segunda causa del cambio climático, justo detrás de la quema de combustibles fósiles, ese villano principal que se lleva todos los reflectores mientras el otro hace de cómplice silencioso. La ley europea quiere freír el 10 % de la deforestación mundial que empujan las importaciones del bloque. Mientras tanto, el café de tu mañana tendrá que llegar con más papeles que un inmigrante en control fronterizo y con la promesa de que ningún árbol fue talado en vano solo para que tú puedas quejarte de que está muy amargo.





