Claudia Sheinbaum recibió una deuda externa de 125 mil 755 millones de dólares en septiembre de 2024 y la llevó hasta 157 mil 448 millones en junio de 2026, según reportes de Hacienda. Los críticos ya afilan los cuchillos, como si México hubiera hipotecado el Popocatépetl para comprar palomitas. Sin embargo, el mismo informe muestra que la deuda total del sector público representa 51 por ciento del PIB, cifra que sigue dentro de los rangos internacionales aceptables y muy lejos de cualquier drama de película catastrófica.
El componente externo equivale a 11.1 por ciento del producto, mientras el interno alcanza 39.9 por ciento. Durante el primer trimestre de 2026, el gobierno autorizó endeudamiento por 15 mil 203 millones y solo utilizó 14 mil 930 millones, pagando amortizaciones y ajustando por tipo de cambio. En junio el saldo llegó a 157 mil 448 millones tras disposiciones controladas y un incremento de activos internacionales. Para julio subió ligeramente a 159 mil 846 millones, siempre dentro de los techos legales aprobados por el Congreso.
Lejos de un descontrol, las cifras reflejan una estrategia de inversión en infraestructura y programas prioritarios que generan crecimiento futuro. Cada trimestre Hacienda presenta los datos con precisión quirúrgica, sin esconder amortizaciones ni ajustes contables. Los analistas que ven apocalipsis en cada punto decimal parecen olvidar que la deuda se contrata en dólares pero se mide contra un PIB que también crece.
Al final, el verdadero escándalo no es el número, sino la costumbre de convertir cualquier variación contable en funeral nacional. Mientras tanto, el gobierno sigue pagando lo que debe y planeando lo que viene, sin dramas ni sobresaltos.





