La inflación anual en Brasil bajó al 4.44 por ciento en julio, un poco menos que el 4.64 por ciento de junio. Este dato volvió a meterse dentro del rango que tolera el Banco Central, después de dos meses fuera de control. Los analistas esperaban algo muy parecido, un 4.40 por ciento, así que nadie se llevó una sorpresa mayúscula.
El Banco Central siguió recortando su tasa de interés por cuarta vez seguida y la dejó en un 14 por ciento. Cada recorte de 25 puntos básicos parece un intento de calmar la economía sin que esta se vuelva loca del todo. Aun así, el alivio sigue siendo lento y paulatino.
En el mes de julio los precios subieron solo un 0.07 por ciento, menos que el mes anterior. El aumento en la vivienda, sobre todo por la electricidad, se topó con una caída en alimentos y bebidas que bajó un 0.67 por ciento. Ese choque de fuerzas dio como resultado un número más tranquilo.
Un economista de una firma internacional advirtió que la inflación no se acercará de forma estable al 3 por ciento antes de 2027. Según sus cálculos, al cierre de este año el dato seguirá por encima del rango objetivo. La paciencia parece ser el ingrediente principal de la receta.
Mientras tanto, los brasileños siguen viendo cómo la comida se abarata un poco pero la luz les sigue quemando la cartera. El Banco Central corta tasas como quien poda un bonsái, con cuidado y sin prisas. La economía responde, pero todavía falta mucho para que el paciente se declare completamente curado.




