Taiwán ensaya echar a China a tiros y pone el internet a paso de tortuga

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En un episodio digno de película de acción rodada con presupuesto de kermés, el ejército de Taiwán se lanzó este lunes a simular cómo repeler un asalto aéreo chino contra las islas Penghu, esas rocas estratégicas que miran de reojo al gigante vecino. Como si montaran una fiesta de disfraces bélica, los soldados del Primer Comando de Teatro de Operaciones abrieron fuego de madrugada en una playa con tanques M60A3, artillería y cañones antiaéreos, formando una defensa multicapa contra un enemigo imaginario que intentaba desembarcar más rápido que suegra en visita sorpresa.

El ejercicio Han Kuang, que dura diez días y lleva ya una semana de fuegos artificiales patrióticos, imagina todos los escenarios posibles por si China decide cumplir sus amenazas de anexión a lo bestia. Penghu, más cerca de Taiwán que de la costa china, es vista por los estrategas locales como el aperitivo perfecto para Pekín: tomarla primero y usarla de trampolín para lanzar misiles y drones como quien tira confeti en carnaval. Reuters pudo colarse y ver a los efectivos cargando munición en la oscuridad, mientras reservistas de la zona cumplían su entrenamiento de catorce días para que todo pareciera más realista que una pelea de bar en domingo.

Pero la comedia no termina en la playa. Más tarde, en el centro de la isla, el Gobierno va a restringir deliberadamente la velocidad del internet móvil por primera vez durante la parte de defensa civil. La idea es comprobar cómo se las arreglan los ciudadanos cuando el ancho de banda escasea más que el café en oficina un lunes por la mañana, ya sea por desastre natural o por invasión. Los servicios esenciales —cajeros, semáforos, llamadas de emergencia— se salvan, al igual que las líneas fijas, no sea que hasta pedir una ambulancia se convierta en odisea.

El aviso llegó con bombo y platillo: mensaje de texto el viernes a todos los móviles y vídeo en redes durante el fin de semana. El norte, incluida Taipéi, repetirá el numerito el jueves. Mientras tanto, Taiwán sigue diciéndole a China que sus reivindicaciones de soberanía se las pueden guardar donde no da el sol, porque solo el pueblo de la isla decide su futuro. Al final la escena queda así: tanques disparando a fantasmas, internet arrastrándose como cola en el banco y una isla entera ensayando el apocalipsis con humor de quien ya está acostumbrado a vivir al borde del abismo.

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