China regala paneles a Cuba y el apagón se pone a temblar

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En un episodio digno de comedia absurda tropical, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel salió a agradecer a China el envío de cinco mil sistemas fotovoltaicos como quien recibe un abanico en plena canícula de agosto. La donación llega para que la isla intente cambiar su matriz energética mientras los apagones siguen apareciendo más puntuales que el cobrador del alquiler.

El mandatario soltó el mensaje en redes con tono de telenovela emocionada: gracias profundas al pueblo y gobierno chino por sumarse a la pelea contra eso que llama bloqueo genocida. Todo porque el ministro Oscar Pérez-Oliva había contado antes que los paneles van para zonas rurales, consultorios, círculos infantiles y hasta sucursales bancarias, no sea que hasta sacar los pocos pesos se convierta en deporte de riesgo a oscuras.

Pero Díaz-Canel no se quedó en el agradecimiento educado. En un encuentro internacional de partidos comunistas soltó la descarga completa contra Estados Unidos, acusándolo de asfixiar la isla como quien cierra el gas en plena olla de frijoles. Habló de castigo colectivo, de cansancio fabricado y de fractura social con el objetivo de tumbar el proyecto socialista. Los tildó de criminales y fascistas por montar un cerco energético que, según él, le niega la luz a los recién nacidos, acorta la vida de los enfermos de cáncer y deja al pueblo sin medicinas, comida, agua ni transporte, como si la vida cotidiana fuera un castigo eterno de verano sin ventilador.

Entre tanto drama, el líder caribeño contó que a base de sudor y milagros técnicos Cuba recuperó más de cien megavatios en varias islas de generación distribuida. Un esfuerzo de titanes para un país que carga con seis décadas de embargo y ahora encima un bloqueo energético que a veces apaga todo más rápido que un fusible viejo en día de tormenta.

Al final la escena queda así: paneles chinos aterrizando como superhéroes baratos, discursos inflamados contra el vecino del norte y una isla que sigue bailando entre la esperanza solar y la realidad de que la electricidad a veces es más escurridiza que un mango maduro en pendiente.

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