En una escena digna de esas telenovelas donde el protagonista se queda sin balas justo cuando entran los malos por la ventana, el presidente ucraniano Volodimir Zelenski ha vuelto a armarla este sábado por la escasez de misiles Patriot. Sus socios se los regatean como quien reparte las últimas patatas fritas de la bolsa en una fiesta de adultos con resaca, y eso que hace nada cerraron un acuerdo con Estados Unidos. Casualidad del guion: el mismo día en que Kiev amanecía otra vez convertida en piñata de los ataques rusos.
Zelenski insistió en que ya trabajan codo a codo con los fabricantes —casi todos yanquis— ahora que Washington les dio luz verde para producirlos en casa. Soltó la frase del día con cara de quien pide la cuenta y descubre que el amigo “invita” solo al agua: “¿Nos suministrarán misiles cada mes? Sí. Tenemos acuerdos. ¿Son suficientes estos misiles? No”. Hace unos días ya había soltado que les llega una tercera parte menos de estos juguetitos antibalísticos que el año pasado. Uno imagina el almacén ucraniano como la nevera de soltero el día anterior a la quincena: eco y decepción.
El lamento lo soltó de paso por Belgrado, donde se reunió con el presidente serbio Aleksandar Vucic, ese aliado de Vladimir Putin que es como invitar al cuñado del rival a tu asado y pretender que no mire el marcador. Zelenski, listo como zorro de barrio, evitó soltar cifras exactas para no hacerle el favor a Moscú y se limitó a soltar la perla temporal: en 2026 había menos de estos misiles y en 2025 había más. Gracias al cielo por la ayuda europea y de otros países, reconoció, y pidió que los noventa mil millones de euros de la Unión Europea se gasten con pulso de cirujano y no con mano de borracho en rebajas.
“Es una cuestión de supervivencia”, soltó, y aprovechó para recordar que las armas que fabrican en Ucrania salen más baratas que en cualquier otro lado. Allí pelean cada día por cada céntimo como ama de casa en el mercado un lunes sin efectivo. De paso le clavó el dedo a la veintena de paquetes de sanciones europeas contra Rusia: “No son suficientes”. Y es que cientos y miles de piezas del armamento ruso llegan de casi todos los continentes, incluidos aliados cercanos. Sancionar eso, dijo, es prioridad número uno si no quieren que el invierno convierta las centrales energéticas ucranianas en fuegos artificiales de mal gusto, exactamente igual que en años anteriores.
Zelenski lleva semanas repitiendo el mismo reproche mientras el ejército ruso aprieta el acelerador. Hasta se lo plantó en la cara al secretario general de la OTAN, Mark Rutte, hace un par de meses: no es que falte dinero, es que la guerra de Irán tiene las fábricas de misiles más liadas que cocina en Nochevieja. Así que este sábado Ucrania sigue mirando al cielo, contando Patriot como quien cuenta lentejas, y rezando para que los socios dejen de jugar al “te lo mando mañana” mientras las bombas no entienden de agendas diplomáticas. El invierno se acerca y, si no hay misiles, el único calor garantizado será el de los nervios.




