Moraes deja a Bolsonaro sin abrazos de sus hijos en el Día del Padre

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En una jugada digna de juez que colecciona prohibiciones como otros coleccionan figuritas, Alexandre de Moraes le ha plantado un rotundo no al expresidente Jair Bolsonaro: este domingo, Día del Padre en Brasil, los hijos se quedan fuera de la casa como invitados que llegaron sin traer el postre. El arresto domiciliario, al parecer, no contempla sesiones de abrazos ni fotos familiares con aroma a campaña electoral.

El magistrado recordó que el pasado 17 de julio ya había cerrado el grifo de las visitas familiares por un mes entero. La sospecha era tan sutil como un elefante en una cristalería: que Flávio Bolsonaro, senador, hijo dilecto y candidato presidencial, pudiera convertir el saludo paterno en mitin improvisado de cara a los comicios de octubre. Nada de “hola papá, te traje un pan dulce”; más bien “hola papá, te traje una encuesta favorable y tres eslóganes”.

Flávio, ofendido hasta el tuétano, soltó su lamento en redes sociales con tono de telenovela de las once: “Moraes nos prohibió visitarlo justo en el Día del Padre. Le quitaron la libertad y ahora quieren quitarle hasta el derecho de abrazar a sus hijos”. Uno casi escucha de fondo el violín triste y el olor a cafezinho enfríándose sobre la mesa.

Conviene no olvidar el libreto completo. Bolsonaro, de 71 años, carga con una condena de más de 27 años por planear un golpecito de Estado después de perder en 2022. Cumple la pena en casita por motivos de salud, mientras sus partidarios más entusiastas todavía recuerdan con nostalgia aquel 8 de enero de 2023 en que convirtieron el Congreso, el Supremo y la sede del Gobierno en escenario de destrozos dignos de mudanza mal hecha. Nadie digería la victoria de Lula y decidieron expresarlo a lo grande.

Mientras tanto, Flávio se perfila como el abanderado del Partido Liberal frente a Luiz Inácio Lula da Silva, que ya tiene el visto bueno del Partido de los Trabajadores para ir por el cuarto mandato. En resumen: este Día del Padre en Brasil se celebra con orden judicial, brazos cruzados y cero selfies familiares. El único abrazo permitido parece ser el del sillón del arresto domiciliario. Feliz día, papá… pero por videollamada y sin fines electoralistas.

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