Resulta que la Otán se cansó de ser la señora seria del barrio y decidió lanzar su lógica 3.0, esa que viene con botón de pánico incluido y promesa de convertir cualquier discusión de sobremesa en un ensayo nuclear. Como si el abuelo se hubiera tomado tres cafés de más y de pronto quisiera reorganizar el living a los gritos.
Según los analistas que opina que opina, esta nueva versión funciona con la misma delicadeza de un cuñado explicando política después del tercer vino: todo el mundo está equivocado, ellos tienen la razón absoluta y si no te sumás al club te cae el sermón con misiles de fondo. “Es por tu seguridad”, dicen, mientras acomodan los tanques como quien acomoda las sillas en una fiesta que nadie pidió.
La cosa se pone absurda cuando descubrís que la lógica peligrosa consiste en ampliarse más que la cintura en fiestas de fin de año: más países, más excusas, más “si no estás con nosotros estás contra el WiFi del planeta”. Europa mira de reojo, Rusia hace pucheros, Estados Unidos se siente el dueño del control remoto y el resto del mundo se queda en el sillón comiendo pochoclos con cara de “yo solo quería ver el partido”.
Al final, mientras la Otán presume su actualización como quien muestra el celular nuevo en el asado, los mortales cruzamos los dedos para que nadie apriete el botón equivocado. Porque si esta lógica 3.0 sigue creciendo, hasta el árbitro del fútbol va a pedir casco y traje antiesquirlas antes de sacar la tarjeta amarilla.




