En sus últimas horas como presidente, Gustavo Petro no ha dejado de insistir en que su candidato, Iván Cepeda, fue el ganador de las elecciones del 21 de junio y que Abelardo de la Espriella es «ilegítimo» porque, según su versión, venció gracias a una manipulación fraudulenta del escrutinio.
Tan delirantes son las conclusiones de una supuesta investigación de «75.000 testigos digitales» que ni siquiera le prestaron atención los organismos nacionales e internacionales que supervisaron los comicios y los avalaron.
«Con dineros del narcotráfico de cocaína hacia Estados Unidos y con los dineros en la Inteligencia privada israelí, reemplazaron el voto real de la ciudadanía colombiana por un programa de software israelí que siempre hacía ganar a Abelardo de la Espriella como presidente de Colombia», se podía leer en un enmarañado mensaje en la cuenta del todavía mandatario en X. «Colombia eligió a Iván Cepeda», insistía.
No satisfecho con la denuncia, en otros escritos y discursos apeló a la violencia en un país que ya sufrió el asesinato del candidato del Centro Democrático, Miguel Uribe, a manos de las FARC, tras lanzarle Petro decenas de invectivas.
Cabe recordar que el petrismo cuenta con el respaldo de las bandas criminales y en las zonas bajo su control presionaron a los pobladores con el llamado voto de fusil para que apoyaran a Cepeda.
«Convoco al pueblo de Colombia, como hace dos siglos y medio, a luchar por la libertad y la independencia nacional. No somos pueblos de siervos o esclavos, somos los pueblos milenarios y guerreros», se leía en otro tuit. Palabras que complementaban su propuesta de «organizar las guardias libertadoras para contrarrestar a los asesinos organizados con la fuerza de la red y el poder popular». Sugirió que las comunidades podrán desmarcarse de la fuerza pública y decidir «si deben armarse o no, de acuerdo con la magnitud de la agresión», declaración que recibió innumerables críticas.



