El Copom recortó la Selic en 25 puntos básicos por cuarta vez seguida y la dejó en 14 %, el nivel más bajo desde marzo del año pasado. Lo hicieron por unanimidad, como cuando toda la familia decide que ya es hora de apagar la música porque el vecino llamó a la policía. La excusa oficial: la inflación se está calmando y la economía anda más fría que una cerveza sin alcohol en pleno carnaval.
Los analistas ya lo tenían cantado, pero el banco no quiso comprometerse con más recortes en septiembre. Prefirieron el clásico “depende de los datos”, que en buen chileno significa “si la cosa se pone fea, subimos todo de nuevo y nadie se da cuenta”. En su comunicado hasta parecieron disculparse por seguir relajando la política, como quien dice “perdón, pero la resaca de la inflación ya pasó”.
La inflación para 2026 la bajaron a 5.1 % y la de 2027 la subieron un poquito, hasta 3.8 %. O sea, siguen apuntando al 3 % objetivo pero con la misma puntería que un borracho tirando dardos en una fonda. Mientras tanto, la economía se enfría, los precios dan tregua y el Copom sigue con la mano en el gatillo de la tasa, listo para volver a apretar si el panorama se pone bravo.
En resumen: Brasil baja la Selic de a poquito, como quien baja el precio de la caipiriña para que siga entrando gente, pero sin prometer que la fiesta vaya a durar. Si la inflación se porta bien, siguen recortando. Si no, ya saben: suben todo de golpe y la resaca la pagan los que menos tienen. Bienvenidos al ciclo donde hasta el banco central parece estar negociando con la inflación como si fuera el puesto de pastel de la esquina.



