El sector privado de Estados Unidos añadió apenas 44 mil empleos en julio, muy por debajo de los 75 mil que esperaban los analistas, según el reporte de ADP. O sea, contrataron menos que un restaurante los martes después de puente. Sectores como el ocio y la hostelería hasta perdieron plazas, como si los clientes hubieran decidido quedarse en casa viendo series en lugar de salir a gastar.
La economista de ADP, Nela Richardson, lo explicó con cara de quien ya vio venir la bronca: la gente que cambia de trabajo es muy sensible a la economía del momento, y las empresas están ajustando como quien aprieta el cinturón después de las vacaciones. Mientras tanto, Samuel Tombs de Pantheon Macroeconomics apuntó que el aumento en los precios de la energía por la guerra en Oriente Medio y la inteligencia artificial están complicando todo. La IA hace que los trabajadores actuales rindan más, así que los jefes ya ni saben cuánta gente necesitan contratar… o despedir.
Los ataques y represalias en la zona han encarecido la gasolina y subido los costos, y las empresas responden contratando como si el dinero quemara. “El repunte primaveral del empleo ya se acabó”, sentenció Tombs, mientras Matthew Martin de Oxford Economics intentó calmar los ánimos diciendo que no hay que preocuparse, que el mercado laboral no está sobrecalentado. Traducción: “Tranquilos, no es que estemos en crisis… solo que ya no crecemos ni a paso de tortuga con resaca”.
En pocas palabras: los datos de ADP confirman que la contratación gringa va más lenta que el ascensor de un edificio viejo, entre guerras lejanas, inflación y robots que hacen el trabajo de tres. Los empresarios miran el futuro como quien revisa la cuenta del súper: “Mejor no gasto de más”. Bienvenidos al verano donde hasta los empleos parecen estar de vacaciones permanentes.



