El Banco de México decidió mantener la tasa de interés en 6.50 % hasta que acabe el año, porque según sus cálculos esa cifra es “neutral”. O sea, ni empuja la economía ni la frena, como cuando tu suegra te invita a cenar: ni te alegra ni te mata, solo te deja mirando el plato con cara de “¿y ahora qué?”.
El economista de BX+ ya anda calculando que el año que viene, si todo sale como en las novelas de las 7, podrían bajar 25 puntitos. Claro, siempre y cuando la Reserva Federal no se mueva, entre un subgobernador más blandito y la inflación se acerque al 3 % por arte de birlibirloque aritmético entre enero y abril. Porque la tasa neutral, según ellos, anda entre 1.8 % y 3.6 %. O sea, una estimación tan precisa como adivinar cuántos chilaquiles te van a cobrar en la taquería.
Mientras tanto, la inversión sigue sin despegar porque el problema no es el dinero barato, sino la incertidumbre, la inseguridad y que el país parece construido con cinta adhesiva y promesas de campaña. Falta logística, falta luz, falta agua y falta gente que sepa soldar sin electrocutarse. Pero el Banco de México ya declaró que su tasa ya no está frenando nada… aunque tampoco está acelerando nada. En el mejor de los casos, dice, “no limita ni estimula”. O sea, está ahí de adorno, como el florero que nadie nota hasta que se rompe.
Para rematar, BX+ pronostica que la economía mexicana crecerá apenas 0.9 % este año y 1.7 % el siguiente. Un rebote tan modesto que parece más bien un bostezo. La culpa la tienen la revisión del T-MEC, la falta de reglas claras y que el gobierno sigue gastando como si el dinero creciera en los árboles de Palacio. El economista lo resumió sin anestesia: México parece atrapado en una “trampa de bajo crecimiento” por años de inversión raquítica, carreteras que parecen pistas de obstáculos y una mano de obra que escasea más que la honestidad en campaña electoral.
En pocas palabras: la tasa se queda quieta, la economía camina como tortuga con resaca y los empresarios siguen guardando la chequera por si acaso. Bienvenidos al 2026: donde hasta el “neutral” suena a excusa elegante para no mover ni una ceja.



