El presidente Donald Trump salió a su red social a gritar que Estados Unidos tiene “cantidades masivas de municiones” y que quien se atreva a sugerir lo contrario va directo a la cárcel por traidor. Según él, las fábricas de armas están brotando como hongos después de la lluvia y todo está bajo control, aunque la guerra con Irán le esté poniendo los nervios de punta.
El problema es que varios medios contaron que Trump se enfureció la semana pasada en una reunión porque le informaron que se estaban quedando sin misiles interceptores y que ya habían gastado casi el ochenta por ciento de los THAAD. La respuesta del mandatario fue ordenar cazar a los “filtradores” y pedir penas de cárcel largas, como si estuviera organizando una redada en un bar clandestino en vez de hablar de defensa nacional.
Mientras tanto, la Casa Blanca y el Pentágono salieron a negar todo como quien niega haber dejado la tapa del váter levantada: “noticias falsas”, “informes ficticios”, “todo inventado”. Irán, por su parte, asegura que no hay ninguna negociación en marcha, aunque Trump insista en que Teherán está “muy interesado” en cerrar un acuerdo, como un vendedor de coches usados que repite que el cliente está a punto de firmar.
Al final, la imagen que queda es la de un presidente que presume de tener balas hasta en los bolsillos mientras el ejército se rasca la cabeza buscando interceptores como quien busca las llaves del coche un lunes por la mañana. ¿El próximo paso? Probablemente ver a Trump declarando que hay municiones de sobra… justo cuando alguien pida otra caja y le respondan que ya no queda ni una.



