El ejército de Corea del Sur confirmó que Pyongyang soltó al menos un “proyectil no identificado” hacia el mar del Este, como si fuera un petardo de feria pero con la capacidad de arruinarle el día a media región. El proyectil salió disparado y ya está todo el mundo mirando al cielo como si esperaran que cayera un televisor viejo desde un balcón.
La hermana de Kim Jong Un, esa que parece la versión norcoreana de una cuñada que siempre tiene la última palabra, soltó un comunicado amenazando con “opciones militares adicionales” porque Japón se está poniendo en plan belicoso. Según ella, Tokio está mutando en un estado guerrero solo por querer reforzar sus fuerzas ante las amenazas de China, Rusia y, claro, el propio régimen de Pyongyang.
El ministro de Defensa japonés, por su parte, anda pidiendo que el ejército se arme con “sentido de urgencia y crisis”, como si estuviera organizando una mudanza y le acabaran de decir que los vecinos traen armas nucleares en vez de cajas de platos rotos. Todo esto pasa un día después de que Corea del Norte acusara a Japón de querer jugar a la guerra en el Pacífico.
Al final parece una pelea de vecinos en un edificio de cinco plantas: uno lanza un cohete al mar como quien tira una chancleta por la ventana, el otro saca el bate de béisbol oxidado y la cuñada grita desde el balcón que “esto va a terminar mal”. Mientras tanto, el resto del barrio solo puede esperar a ver si el próximo proyectil viene con nota de disculpa o con más fuegos artificiales.



