El estrecho de Ormuz, principal ruta del petróleo mundial, fue escenario de choques limitados entre fuerzas iraníes y estadounidenses la noche del jueves, poniendo en riesgo el alto el fuego alcanzado hace un mes.
Irán denunció que EE.UU. atacó dos de sus buques petroleros cerca de Jask y Fujairah, y aseguró haber respondido con misiles, drones y lanchas rápidas contra destructores estadounidenses. El Mando Central de EE.UU. (CENTCOM) afirmó que tres buques (USS Truxtun, USS Rafael Peralta y USS Mason) repelieron ataques “no provocados” y contraatacaron objetivos iraníes, sin reportar bajas ni daños propios.
A pesar de los incidentes, el presidente Donald Trump reiteró que la tregua “sigue en vigor” y que las negociaciones continúan. Analistas advierten que la frágil calma podría romperse fácilmente en una zona estratégica para la economía global.
La comunidad internacional observa con preocupación estos enfrentamientos esporádicos, que amenazan la estabilidad del Golfo Pérsico y los suministros energéticos mundiales. Ambas partes dicen querer evitar una guerra mayor, aunque las versiones contradictorias elevan la tensión.

