La Secretaría de Relaciones Exteriores delineó una nueva ruta estratégica para la política exterior del país, centrada en la defensa de la soberanía nacional, el fortalecimiento de alianzas regionales y una mayor presencia en los espacios de gobernanza global.
Durante un mensaje dirigido al cuerpo diplomático, se destacó que la agenda prioritaria contempla impulsar el crecimiento económico mediante el fortalecimiento de cadenas de valor, así como identificar nuevas oportunidades comerciales y de inversión. En paralelo, se subrayó la importancia de garantizar la protección consular y la defensa de los mexicanos en el extranjero.
En cuanto a América del Norte, se planteó respaldar el proceso de revisión del tratado comercial vigente con Estados Unidos y Canadá, con el objetivo de mantenerlo como un motor de desarrollo económico. Asimismo, se reiteró que la cooperación en materia de seguridad se basará en la confianza mutua y la responsabilidad compartida, sin comprometer la soberanía ni el marco constitucional del país.
La estrategia también contempla reforzar la integración de América Latina y el Caribe como mecanismo para enfrentar desafíos comunes, como la migración, el desarrollo tecnológico y la salud. Bajo esta línea, se reafirmaron principios como la no intervención y la solidaridad entre naciones de la región.
En el ámbito global, se prevé una diversificación activa de relaciones hacia Europa, Asia y otras regiones, con el objetivo de ampliar la presencia internacional de México. Se enfatizó que el país buscará participar de manera protagónica en los procesos de transformación del sistema multilateral.
Entre las prioridades internacionales, se incluye el impulso a la acción climática como compromiso de Estado, así como la promoción de una gobernanza migratoria que garantice movilidad ordenada, segura y respetuosa de los derechos humanos.
Como parte de la planeación estratégica, se contempla la integración de un grupo de diplomáticos de carrera retirados, cuya experiencia contribuirá al análisis del entorno internacional y al fortalecimiento de la visión de largo plazo de la política exterior.
La nueva orientación busca consolidar el papel de México como un actor activo en la configuración de un sistema internacional más equitativo, con mayor capacidad de incidencia en los principales debates globales.


