El uso de la fractura hidráulica, conocida como fracking, podría representar un impulso relevante para el sector industrial en México, especialmente para las empresas exportadoras que demandan grandes volúmenes de energía. Especialistas señalan que esta técnica permitiría aumentar la producción de gas natural y mejorar el suministro energético en el corto plazo.
De acuerdo con analistas consultados, el sistema energético actual enfrenta dificultades para sostener el ritmo de crecimiento económico, por lo que el fracking aparece como una alternativa viable para fortalecer la disponibilidad de gas. Esto beneficiaría directamente a industrias clave, al reducir costos y garantizar mayor estabilidad en el abasto energético.
Sin embargo, expertos advierten que esta estrategia presenta limitaciones importantes. Entre ellas destacan los altos costos de producción y la necesidad de inversiones significativas, así como los desafíos técnicos y regulatorios que implica su implementación en el país. Estos factores podrían comprometer su viabilidad en el mediano y largo plazo.
A ello se suman preocupaciones ambientales, como el uso intensivo de agua y el riesgo de contaminación, lo que ha generado críticas de diversos sectores. En este contexto, aunque el fracking podría ofrecer beneficios inmediatos para la industria, especialistas coinciden en que no representa una solución sostenible a largo plazo para el sistema energético nacional.


