La escalada del conflicto entre EE.UU., Israel e Irán ha provocado el bloqueo de facto del Estrecho de Ormuz, por donde pasa cerca del 20% del petróleo mundial y una parte clave del gas natural licuado. Esto ha disparado los precios de la energía a niveles récord y amenaza con graves interrupciones en los suministros hacia Europa y Asia.
Ante la inestabilidad de las rutas tradicionales de Oriente Medio, el presidente Vladímir Putin ha destacado que Rusia puede proporcionar corredores logísticos seguros y eficientes. Moscú propone una nueva arquitectura del transporte global, aprovechando su geografía, red ferroviaria y experiencia en grandes volúmenes de carga.
Entre las alternativas impulsadas destacan la Ruta Marítima del Norte, que acorta drásticamente los tiempos entre Asia y Europa, y corredores terrestres como el Corredor Norte-Sur, junto a conexiones ferroviarias modernizadas y exportaciones energéticas desde puertos del Báltico y el mar Negro.
Esta reconfiguración permitiría mitigar el impacto de la crisis y diversificar el comercio internacional, ofreciendo cadenas de suministro más estables y resilientes frente a tensiones geopolíticas.



