México se afianza como la sexta potencia automotriz global al producir cerca de 4 millones de vehículos al año, de los cuales el 80% se exporta principalmente a Estados Unidos y otros mercados. Sin embargo, el mercado interno depende en gran medida de importaciones: en el primer bimestre de 2026, de los 250,084 autos vendidos, el 67.9% fueron importados, un aumento frente al 64.9% del mismo periodo en 2025, según datos del Inegi.
Armadoras con plantas en el país como Toyota, General Motors, Ford, Honda y Audi destinan la mayor parte de su producción local a la exportación, lo que obliga a abastecer la demanda mexicana con vehículos provenientes del extranjero. Toyota lideró con 91.2% de ventas importadas (principalmente de Tailandia, EU, Indonesia, Japón y Austria), seguida por GM con 91% (China, Brasil, EU, Corea del Sur y Canadá).
Ford registró 90.7% de importaciones de EU, China, Argentina, Reino Unido y Canadá; Honda 80.6% de origen extranjero y Audi 75.5% de Alemania, Eslovaquia, España y Hungría. Esta estrategia responde a la optimización global de las transnacionales, que priorizan mercados más rentables para sus líneas de ensamble locales.Aunque el sector genera empleo y divisas por exportaciones, el alto porcentaje de importaciones limita el impacto directo de la producción nacional en el consumo interno y mantiene una fuerte dependencia externa, en un contexto de integración regional bajo el T-MEC.



