Las empresas estadounidenses instaladas en México siguen dispuestas a meter más dinero y a reforzar la integración productiva de América del Norte, siempre y cuando reciban reglas comerciales que no cambien cada semana. Óscar del Cueto, presidente de la American Chamber of Commerce of Mexico, advirtió que sin certidumbre jurídica nadie va a comprometer recursos nuevos. El mensaje suena simple, pero detrás hay una advertencia seria envuelta en lenguaje diplomático que cualquier adulto entiende como “o nos dan orden o nos vamos con la cartera cerrada”.
La participación empresarial en las pláticas comerciales con Estados Unidos continúa activa, aunque ya no se haga bajo el viejo esquema del cuarto de junto. Del Cueto explicó que la comunicación con autoridades mexicanas y negociadores estadounidenses se mantiene, sobre todo en sectores golpeados por los aranceles como el acero, el aluminio y el automotriz. La cámara ha realizado reuniones en Washington con la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos y con el embajador Jamieson Greer durante sus visitas a México.
El principal requisito que plantea AmCham es contar con normas previsibles que protejan las inversiones y permitan planear a mediano plazo. Sin ese marco, las empresas no convertirán la integración comercial en nuevas plantas, empleos ni capacidad productiva. Del Cueto recordó que el tratado comercial fue reconocido por los tres países por otros diez años, aunque algunos asuntos podrían resolverse de forma bilateral entre México y Estados Unidos.
La cámara también considera necesario ampliar el espacio para la inversión privada en energía e infraestructura. Del Cueto sostuvo que reglas transparentes y protección jurídica son el ingrediente indispensable para atraer capital. Sin esos elementos, los anuncios de continuidad del acuerdo comercial se quedan en buenas intenciones que nadie se atreve a convertir en cheques.
Los empresarios esperan un anuncio conjunto que despeje las dudas sobre los aranceles y facilite decisiones concretas. Mientras tanto, la interlocución sigue a través de los comités de la cámara que recopilan datos de cada sector. El tono sigue siendo constructivo, pero el mensaje es claro: sin certidumbre, el dinero se queda donde está y las promesas de inversión se convierten en anécdotas de café.



