Lula promete ajuste fiscal pero los mercados no le creen ni un peso

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El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva anunció que aplicará un ajuste fiscal en su último mandato, aunque los mercados ya le miran con la misma confianza que a un prestamista en un casino. Oxford Economics calcula que el proceso será lento y podría dejar a los inversores con ganas de más, tanto por la velocidad como por el tamaño del recorte. El economista Mauricio Monge considera que la venta reciente de activos brasileños fue una sobrerreacción tras el repunte electoral del candidato Flávio Bolsonaro.

El presupuesto para 2027 busca un superávit primario del 0,5 por ciento del PBI en el sector público no financiero, pero la consultora proyecta un déficit del 0,2 por ciento. Para estabilizar la deuda se necesitaría un superávit cercano al 2 por ciento, una meta que parece tan lejana como ganar la lotería sin comprar billete. Tanto el gobierno como Oxford esperan superávits en los próximos años, aunque todos coinciden en que serán insuficientes.

La principal estrategia consiste en reducir el crecimiento real del gasto primario al 1,5 por ciento anual entre 2027 y 2030, frente al 4,2 por ciento de los años anteriores. Los ingresos crecerían un 3 por ciento anual, pero más del 90 por ciento del gasto es obligatorio y está atado al salario mínimo, la inflación o los ingresos del Estado. Esa rigidez convierte cualquier intento de ahorro en algo parecido a intentar adelgazar con la nevera cerrada con candado.

Lula parece dispuesto a congelar algunas partidas de gasto para calmar a los mercados, aunque la consultora duda de que el efecto sea significativo. Las prestaciones previsionales y los programas sociales subirán un 12,4 por ciento en promedio en 2027, y el presidente no tiene intención de tocarlos. El Congreso, desplazado más a la derecha, también limita cualquier medida populista que pudiera tentar al mandatario.

El verdadero desafío será convencer a los inversores de que el ajuste será sostenible y creíble. Sin ese paso, los mercados seguirán vendiendo activos brasileños como si fueran entradas para un concierto que nunca termina. Oxford Economics esperará la aprobación parlamentaria antes de cambiar sus pronósticos, manteniendo la cautela como quien revisa dos veces el paraguas antes de salir bajo la lluvia.

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