En un acto de heroísmo burocrático, los consejeros Carla Humphrey, Arturo Castillo y Martí Faz desempolvaron su manual para regular las precampañas adelantadas. Buscan ponerle reglas a esa fiesta sorpresa que los partidos se organizan solos, meses antes de tener permiso oficial para hacer ruido.
Esta tendencia, iniciada por el visionario Andrés Manuel López Obrador en 2023 con sus famosas “corcholatas”, no fue una violación a la ley, sino el estreno del festival democrático anticipado. El éxito fue tal que todos los partidos replicaron el formato. Han pasado siete meses desde que una iniciativa similar fue amablemente archivada por el grupo de la consejera presidenta, Guadalupe Taddei, pero el trío insiste en ponerle reglas a lo que ya es casi un deporte nacional.
El nuevo plan busca fiscalizar hasta el último centavo, con topes de aportaciones que suenan a número de lotería: tres millones 304 mil pesos para aspirantes y 826 mil 223 para simpatizantes. Además, prohíben la propaganda en mobiliario urbano y exigen informes metodológicos de encuestas, como si fuera una tesis doctoral. Mientras Morena ya terminó de seleccionar a sus 17 “coordinadores” estatales, los consejeros proponen que estos procesos no busquen postular candidatos, lo cual es como organizar una boda pidiendo que nadie se case.
El proyecto, que nuevamente enfrenta el pragmatismo del grupo de Taddei, pide a los políticos hacer política sin que se note. Es como pedirle a un tiburón que se haga vegano por el bien del ecosistema. Veremos si logran ponerle el cinturón de seguridad a un cohete que ya va a medio camino a la luna.




