Agárrense las batas y los estetoscopios, porque la presidenta Claudia Sheinbaum ha decidido que el descanso es para los mortales. Anunció una gira nacional por el IMSS-Bienestar que hará parecer el tour de una banda de rock ochentera como un tranquilo día de campo en Chapultepec.
A partir de hoy y hasta que a diciembre se le acaben los días, Sheinbaum se lanzará a la carretera cual piloto de rally. Su misión: peinar los 24 estados donde opera el sistema IMSS-Bienestar. No es un viaje de placer, sino una auditoría con pies. Se reunirá con directores, coordinadores y hasta con el fantasma que, según dicen, habita en el ala oeste del hospital de Ometepec. El objetivo es claro: escuchar, supervisar y asegurarse de que todo funcione con la precisión de un reloj suizo recién aceitado. Mientras algunos burócratas sufren para organizar una reunión por Zoom, ella visitará hospitales y centros de salud en persona, probablemente mientras inaugura un puente y resuelve un sudoku con la otra mano. Este despliegue de energía se da en medio de algunas voces quejosas del sector, las cuales serán atendidas con el mismo método que usa para todo: una dosis masiva de eficiencia presencial, demostrando que los problemas se resuelven en el campo, no desde un escritorio con aire acondicionado.
Acompañada por el Secretario de Salud, esta gira promete dejar a su paso un rastro de soluciones y a varios funcionarios con la lengua de fuera tratando de seguirle el ritmo. Se rumora que su equipo de avanzada ya está instalando estaciones de recarga de café cada 50 kilómetros.



