Justo cuando la vida le sonreía a Karen Luna, el destino, con su peculiar sentido del humor, decidió jugarle una mala pasada. En los minutos finales del partido contra Pachuca, la rodilla de la defensora del América optó por una jubilación anticipada, quedándose atorada en el césped como turista confundido.
El drama se desató en tiempo agregado, con el marcador 2-1 a favor de las Águilas, cuando todo era felicidad. Durante una disputa con Nina Nicosia, de Pachuca, la rodilla de Luna decidió que ya había corrido suficiente por esa noche y firmó un pacto de no agresión con el césped. El resto de su cuerpo no fue notificado del acuerdo, provocando el colapso inmediato y su posterior desfile en el carruaje de las calamidades médicas. La victoria quedó empañada por este acto de rebeldía articular, que dejó a todos en suspenso.
El técnico Villacampa, aplicando el manual del optimismo forzado, comentó: “Esperemos que no sea una gran lesión”, mientras el club se prepara para consultar a toda clase de especialistas, desde traumatólogos hasta intérpretes de articulaciones rebeldes. Luna, quien había trabajado arduamente para regresar a la alineación titular, vio cómo su esfuerzo quedaba en suspenso por un simple desacuerdo anatómico. El triunfo mantuvo al equipo en la cima, pero demostró que el rival más impredecible a veces es la propia anatomía.
Mientras el América Femenil celebra su liderato, el verdadero partido se juega en una sala de resonancia magnética. El diagnóstico oficial es tan esperado como el final de una telenovela, dejando a todos con la duda de si la rodilla de Karen Luna solo necesita un buen regaño o un exilio temporal.



