En un giro digno de un drama adolescente, el Partido del Trabajo (PT) decidió rechazar públicamente a una candidata que nunca les pidió nada. Es como gritarle «¡No!» a alguien que simplemente pasaba por la calle, creando un momento incómodo para todos los presentes, excepto para ellos.
El pasado 5 de octubre, la senadora petista Geovanna Bañuelos anunció con la solemnidad de un mayordomo de película de terror que Tatiana Clouthier no sería su carta para la gubernatura de Nuevo León en 2027. La razón: ya tenían a su propio contendiente, un tal Jesús Elizondo, y estaban en pláticas con Morena para medirlo contra su designada oficial, Clara Luz Flores. Esta maniobra se asemeja a interrumpir una boda para oponerte, solo para darte cuenta de que estás en el funeral equivocado. Mientras tanto, el PVEM, sintiendo que se perdía la fiesta del absurdo, también insinuó que podría competir solo con su propio gallo, Waldo Fernández, porque aparentemente hoy en día tener un candidato es como tener una opinión: todos creen que la suya es la mejor.
Tatiana Clouthier, quien desde el 28 de septiembre sabía que Morena había elegido a Flores, respondió con la paciencia de una maestra de kínder: “No me puedes cerrar una puerta que nunca te pedí abrir”. Con su movimiento “Todos con Conciencia” ya en marcha, simplemente se encogió de hombros y siguió con su vida, dejando al PT discutiendo solo en una habitación vacía. La política, damas y caballeros, es el único deporte donde puedes ganar una discusión que nadie más sabía que estaba ocurriendo.



