Ah, la Ciudad de México, esa metrópoli que genera más basura diaria que un festival de música de tres días. Ante la montaña de 12 mil toneladas de residuos sólidos, un diputado tuvo una epifanía monumental: ¿y si en lugar de llorar sobre el plástico, nos sentamos cómodamente sobre él?
El 6 de octubre, el diputado del PRD, Pablo Trejo Pérez, canalizó su alquimista interior y convenció al Congreso de una verdad universal: la basura no es basura, es “materia prima secundaria”. Es como decirle a tu ex que no fue un error, sino una “experiencia de aprendizaje”. Su plan maestro consiste en transformar las miles de toneladas de plásticos en flamante mobiliario urbano como bancas y macetas, creando un paraíso hipster-ecológico donde te recargas literalmente en tus compras pasadas. La propuesta es un “exhorto” a la Secretaría de Obras y Servicios, que en lenguaje no político significa una “sugerencia muy, muy fuerte”. No hay presupuesto, ni fechas, ni un mapa del tesoro para las nuevas bancas, es más un “chicos, estaría increíble que hicieran esto, piénsenlo”. Ya existen ejemplos heroicos en Xochimilco y Coyoacán, demostrando que sentarse sobre botellas recicladas no causa sarpullido.
Así, la ciudad se acerca a un futuro circular donde tu botella de agua de hoy podría ser la maceta que ignore tu perro mañana. Un ciclo de vida poético para nuestros desechos, demostrando que incluso la basura puede tener un propósito más noble que solo estorbar en un relleno sanitario.



