En Jalisco, antes de arrancar, los conductores consultan a los oráculos modernos: la CNE y Profeco. Un ritual sagrado para saber si hoy la cartera llorará un poco o mucho. Este 17 de octubre de 2026, los dioses del combustible dictaron su implacable sentencia.
La gasolina Magna, esa fiel compañera del pueblo, roza la barrera psicológica en 23.988 pesos por litro. Mientras tanto, la Premium, reservada para quienes creen que su auto merece beber champán en lugar de gasolina, se pavonea en 29.417. El diésel, el jugo de los titanes carreteros, ruge a 27.114 pesos. Estos números no son producto del azar, sino de una maquinaria regulatoria bien aceitada que funciona con la precisión de un relojero suizo con un severo trastorno obsesivo-compulsivo.
Recordemos que desde marzo de 2025, la vieja CRE fue enviada a una bonita granja para que corriera libre y feliz, dando paso a la flamante Comisión Nacional de Energía (CNE). Este escuadrón de élite, coordinado con la Sener, tiene la misión de domesticar precios, otorgar permisos con mano firme y mantener el sector energético bajo control soberano, como un domador de leones con un látigo hecho de regulaciones y decretos oficiales.
Todo es parte del gran plan. A inicios de 2025, la presidenta Claudia Sheinbaum, cual maestra de ajedrez, pactó con el sector empresarial mantener la Magna por debajo de los 24 pesos. Y con 23.988 en el marcador, la promesa se cumple con la precisión de un cirujano. Una victoria por decimales.
Así que ya lo sabe. El precio final es una compleja mezcla de mercados, logística e impuestos, pero gracias a una gestión impecable, su cartera se salva por exactamente 0.012 pesos. Duerma tranquilo, la soberanía energética se mide, al parecer, en milésimas de centavo.



