El Instituto Mexicano del Seguro Social anunció doce acciones en ciento veinte días que parecen sacadas de un catálogo de mejoras para un resort de lujo, pero aplicadas a la atención médica. Con una inversión de once mil setecientos cuarenta y cinco millones de pesos, el plan busca renovar equipos, basificar personal y evitar que las recetas se conviertan en un juego de lotería.
Zoé Robledo detalló que el aumento salarial del ocho por ciento se dividirá en cuatro por ciento al sueldo base y cuatro por ciento como apoyo para renta, reemplazando la propuesta anterior del seis punto ocho por ciento tras pláticas con el sindicato. Este ajuste representa cinco mil doscientos veintinueve punto cuatro millones de pesos adicionales y beneficiará a quinientos cuatro mil trabajadores. Además, se basificarán diez mil novecientos treinta y nueve empleados y se contratarán dos mil quinientos médicos especialistas en medicina interna, urgencias y radiología, con convocatoria abierta el tres de noviembre. El instituto también adquirirá cien equipos de alta tecnología, entre ellos tres aceleradores lineales, cuatro resonancias magnéticas, veintiséis tomógrafos y sesenta y siete mastógrafos, junto con seis mil ciento noventa y cuatro camas y miles de camillas y sillas de ruedas.
Para resolver el abasto de medicamentos, se modernizarán almacenes y se digitalizará el proceso con mil novecientos equipos de cómputo, mientras que la página recetacompleta.gob.mx permitirá reportar recetas incompletas y extenderá su vigencia más allá de setenta y dos horas. En quirófanos se realizarán treinta y un mil setecientas cirugías rezagadas durante fines de semana, con una inversión de ochocientos setenta punto nueve millones de pesos. Urgencias contará con cuarenta y ocho módulos de trato digno y mejor conectividad en salas de espera.
Al final, el IMSS parece decidido a convertir cada visita en una experiencia menos caótica y más predecible, algo que los derechohabientes agradecerán con la misma intensidad que un día sin fila.




