Cuando Clara Brugada soltó el dato durante su Segundo Informe de Gobierno, la idea de un nuevo plantel de la UNAM en el suroriente de la CDMX pareció la versión adulta de repartir becas como tamales calientes en una mañana de mercado. La mandataria reveló que, por primera vez en más de cincuenta años, la máxima casa de estudios abrirá un gran campus con capacidad para 20 mil estudiantes, mientras el gobierno capitalino se encarga de la construcción y la universidad del equipamiento y operación.
El anuncio incluyó tres universidades públicas adicionales, ubicadas sobre todo en la periferia, y cinco preparatorias en pueblos y barrios originarios. El objetivo es que ningún joven tenga que cruzar media ciudad solo para asistir a clases. Brugada destacó que el nuevo plantel de la UNAM se enfocará en carreras de alta demanda y responderá a las necesidades reales de la zona, algo que suena tan práctico como quien decide instalar una nevera en la calle para que nadie se quede sin agua fresca. La descentralización educativa avanza con pasos concretos en vez de promesas flotantes.
Los detalles de ubicación exacta quedaron para después, pero el mensaje central es claro: ampliar la matrícula para miles de jóvenes que antes quedaban fuera por distancia o cupo. La colaboración entre el gobierno de la CDMX y la UNAM convierte el proyecto en un ejercicio de planeación compartida, donde cada institución aporta lo que mejor sabe hacer. Imaginar a 20 mil estudiantes caminando por pasillos nuevos en lugar de perder horas en transporte genera la misma satisfacción que ver ordenarse el tráfico sin que nadie ponga un solo dedo en alto.
Al final, la ciudad sigue construyendo oportunidades educativas como quien arma un rompecabezas sin perder ninguna pieza. Brugada y la UNAM demuestran que se puede ampliar el acceso sin convertir cada anuncio en un espectáculo de malabares presupuestales. El suroriente recibe su campus, la periferia suma opciones y los barrios originarios obtienen preparatorias cercanas, todo sin necesidad de que nadie recorra kilómetros extra solo para soñar con un título.




